Arranca la temporada de setas en Catalunya


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El ’rovelló’ de los Alpes es el que más llega al mercado

 

Con las setas nunca se sabe, pero los expertos se arriesgan a pronosticar un buen año. Si la temporada pasada no estuvo a la altura de las expectativas por culpa de las lluvias irregulares y las altas temperaturas, este otoño las circunstancias parecen más propicias para que los catalanes puedan entregarse a una de sus pasiones: meterse en un bosque con una cesta y un bastón, caminar durante horas y, si tienen suerte, recoger unas cuantas setas.

 

 

Los bosques están húmedos, sobretodo en el litoral y la Catalunya interior. Las lluvias de finales de agosto en el Berguedà, epicentro del movimiento boletaire,fueron propicias para el rovelló,la llanega,el rossinyol y el fredolic. Desde entonces es verdad que apenas ha llovido con fuerza, lo que levanta alguna que otra preocupación, pero los xàfecs,ruixats y plugims se han sucedido casi a diario en uno u otro punto de la geografía catalana. La bajada de temperaturas, que ya se nota por la noche, debe ser suficiente para que las setas a partir de la próxima semana o la siguiente punteen los bosques con sus colores terrosos.



Llorenç Petràs, uno de los principales comerciantes y expertos de bolets en Catalunya, considera que la temporada será buena, aunque reconoce que "cuando hago pronósticos siempre me equivoco".



Jesús Estany, propietario de Rovellons Estany-Sagristà, otra empresa líder en el complicado y competitivo negocio de vender setas, no es tan optimista como Petràs. "El cambio climático lo está echando todo a perder. El tiempo ha cambiado, es cosa de locos. No creo que en Catalunya vuelvan a darse las condiciones ideales para coger setas. Este año, al menos, no todavía."



Estany admite que "ha llovido aquí y allá, pero no lo suficiente. El alto Pirineo, por ejemplo, está bastante seco." El Ripollès y el Berguedà soy, en este arranque de temporada, las comarcas con más setas. Debido a la fiebre boletaire y a la abundancia de pixapins -gente sin experiencia ni respeto por el bosque que, aún así, no pueden resistir la tentación de ser cazadores de rovellons-Estany considera que el rovelló catalán apenas llega al mercado. "A los mercados los rovellons que llegan proceden, sobre todo, de los Alpes y de los Cárpatos. La demanda es demasiado fuerte para los bosques autóctonos" El precio oscila estos días entre los 20 y los 30 euros. El rovelló, en todas sus variantes - y hay unas cuantas-, vuelve a ser el principal objetivo del boletaire gracias a que es muy fácil de reconocer. No tiene, sin embargo, mucha calidad gastronómica. Crece, sobre todo, junto a los pinos y otras coníferas. Los primeros en aparecer - lo hacen desde mediados de agosto- son los de pino negro (lactarius quieticolor)Abundan, por ejemplo, en los bosques del alto Ter, a los pies del Costabona. Los más sabrosos son el pinetell (lactarius deliciosus),que son más abundantes en los bosques no tan altos, y el rovelló vinader (lactarius vinosus),que es de los que más tarda en salir y lo hace en los bosques más calientes de la cordillera litoral, incluida Collserola donde aparece a partir del Pilar. Su color azulado y verdoso lo convierte en un rovelló muy discreto.



Los rovellons, como casi todas las setas, crecen en una noche, aprovechando la humedad de la escarcha y de una tormenta vespertina de verano. Este florecimiento se produce 21 días después de una copiosa lluvia, de al menos tres horas.



Las lluvias que empaparon Catalunya durante el pasado mes de junio y salvaron a Barcelona de la sequía, produjeron una excelente floración de ceps. El cep (boletus edulis y boletus aereus son dos familias importantes), junto con el ou de reig (amanita caesarea),es la seta de más alto valor culinario. La temporada de ceps, sin embargo, no está siendo buena. La floración de julio parece que está ahora pasando factura, y los que ahora salen lo hacen curcats,llenos de gusanos por el exceso de humedad.



El ou de reig,que también salió a principios de verano, vuelve ahora con fuerza, aunque la temporada en la sierra de Les Cadiretes, especialmente, no ha hecho más que empezar. Las lluvias que han beneficiado al litoral anticipan una cierta abundancia.

 

 

Fuente: La Vanguardia

 

 

 

 

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