La Vieja Licorería

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Actualizado el 09/09/2010 12:25:12


Descripción

En 1994 Fabián Cercano comienza a elaborar una pequeña cantidad de licores caseros que servía por copas a los clientes habituales (amigos) en la acogedora tasca que posee, ubicada en un mágico entorno rural en la isla de Tenerife. En aquellas noches de amistades, y sueños conoce a Elena, y juntos emprenden un hermoso camino, sembrando la semilla de lo que actualmente es la Vieja Licorería, más que una fábrica de licores, una forma de entender la vida. Fabián como Maestro Licorista se sumerge cada día en la búsqueda de nuevos sabores y aromas con los que componer delicadas fórmulas de las que surgirán nuevos licores, buscando siempre conmover a quien lo prueba. Elena, como gerente de La Vieja Licorería, da forma a las emociones y sigue encaminando la empresa hacia el objetivo de situar sus licores en las estanterías de los mejores establecimientos del mundo, sin que pierdan en el camino nada de su identidad, de ese estilo de vida bedonista que proponen, de ese beber lento, pausado, deteniendo el tiempo alrededor de uno mismo. La Licorería está ubicada en las laderas del Teide, en la isla de Tenerife. Ocupa una antigua casa de estilo canario de gruesas paredes de piedra y argamasa. Una hiedra tupida y brillante cubre nuestra fachada. Sus tejas son rojas y gastadas, como su memoria. En nuestro jardín crecen rosales y escaramujos, un tupido césped delimitado por hinojo y geranios al que le da sombra un nisperero de grueso tronco y hojas anchas, un viejo albaricoquero de antiguo linaje y una gran higuera de ramas sarmentosas. El ascenso a la Vieja Licorería se hace por medio de caminos flanquedos de zarzamoras. En ellos coexisten las castaños sin dueño con perales y manzanos que doblan sus ramas en otoño bajo el peso de los abundantes frutos. Antes de la cima y cerca de nuestra casa, un bosquecillo de grandes eucaliptos exhala un mentolado aliento al caminante. La vegetación se muestra casi todo el año con un verde intenso y húmedo, que el vapor de los campos azulea en la lejanía. Es una zona de abundantes lluvias y de temperaturas frías, no llegando nunca a helar; siendo el clima adecuado para conseguir la idónea y pausada maceración, elaboración y reposo que requiere la alquimia de nuestros licores.