Torresilo 2005


    El vino Torresilo 2005 está elaborado a partir de nuestros viñedos más antiguos y de producción más baja.
Cepas situadas sobre suelos arcillo–calcáreo arenosos, como los Pagos del Montecillo, Cascajos y Llanillos.
Sus frutos definen el origen de nuestro Torresilo. Una cuidada selección para elaborar el mejor vino.
Torresilo sólo se elabora cuando las añadas reúnen todos los parámetros de calidad requeridos.
     
Ficha técnica Torresilo 2005
Marca: Torresilo
Añada: 2005
Variedad: Tempranillo 100%
Suelo: arcillo arenoso
Pagos: El Montecillo, Cascajos Llanillo
Grado alcohólico: 14,5% vol
Envejecimiento: 16 meses
Tipo de roble: Francés (nuevo)
Embotellado: abril de 2007
Botella: Troncocónica
 
 

Nota de cata del vino Torresilo 2005

Color negro apicotado muy cubierto.
Aroma complejo, fruta sazonada y en licor, regaliz, café, balsámicos, toffe y fondo mineral.
En boca es sabroso, carnoso, elegante, equilibrado, fresco, con taninos maduros y un envolvente final de notas lácticas.
Temperatura de servicio: 16º.
Se recomienda decantar.
 
 
Climatología
El invierno fue muy frío, los meses de enero y febrero, con temperaturas medias inferiores a los 2º C y mínimas próximas a los –9º C. El mes de marzo también fue más frío de lo normal, media de 7º C y mínima de –9º C, lo que impidió un avance en el desarrollo de la viña. Las temperaturas altas, superiores a 29º C, que se registraron a primeros de abril hicieron que la viña empezase a hinchar las yemas, unas temperaturas frías que llegaron incluso a la helada a finales de mes hicieron que finalmente se retrasase la brotación librándonos de las temidas heladas de primavera que merman nuestra cosecha. La precipitación total durante el invierno fue inferior a 140 litros/ m2, muy inferior a la media e insuficiente para asegurar unas buenas reservas. Los lloros empezaron el día 16 de marzo pero la brotación no se produjo hasta finales de abril, generalizándose a primeros de mayo. Debido a la falta de agua en el suelo, la brotación fue un poco irregular. La floración se inició a mediados de junio, fecha muy precoz con respecto a la media, lo que vislumbraba un temprano inicio de vendimia. El número y el tamaño de racimos por cepa fue netamente inferior a la media, lo que predecía una corta cosecha.
El verano fue de los más secos que se recuerdan, con una pluviometría de 40 litros.
Con estas condiciones climatológicas se observaron los primeros racimos enverados el 27 de julio, iniciándose la vendimia en una fecha récord, el 15 de septiembre. El día 20 y 21 de septiembre se registraron sendas heladas que hicieron que las hojas de la viña se cayesen, por lo que a partir de ahí la madurez se paralizó en estas zonas bajas donde afectó. En Quintana del Pidio este fenómeno no nos afectó prácticamente nada ya que la casi totalidad de la uva estaba ya en la bodega.
Los rendimientos de esta añada fueron muy bajos, del orden de 3.000 kg/ha. Los vinos de tempranillo se caracterizan por un color muy intenso, superior a la media y una potente estructura tánica. El tipo de aromas que domina no es tanto el típico exótico, sino más bien el de fruta roja madura.
 
 
Cillar de Silos

El fruto. En Quintana de Pidio y Gumiel de Mercado se levantan los viñedos de Cillar de Silos, 48 hectáreas de variedad tinta del país (tempranillo) situadas en laderas y arropadas por bosques.

 

La adecuada densidad de plantación (2.800 cepas por hectárea) y las labores culturales de poda en verde y aclareo de racimos hacen que la producción no exceda de 3.500 kg, por hectárea, logrando así las condiciones óptimas para la elaboración y posterior crianza de nuestros vinos.
       
La vendimia en las tierras de Ribera del Duero es ya, con el paso de los siglos, más que un rito, una fiesta. En los viñedos de Cillar de Silos, se conjuga la experiencia de los años con los criterios técnicos más modernos para establecer la fecha óptima de recolección.
Octubre es, por lo benigno del clima y la buena maduración de la uva, el mes más propicio para estas tareas. Nuestros vinos provienen de uvas con el adecuado índice de madurez, buena relación grado–acidez y óptima intensidad de color.
El fruto de la Ribera del Duero, es recogido del mismo modo que se vendimiaba hace siglos, de forma manual, transportándolo hasta nuestras bodegas en cajas, evitando así el aplastamiento y rotura de la baya.
 
La bodega. En Cillar de Silos utilizamos sistemas de vinificación basados en la experiencia que nos ha dado la tradición de esta tierra, nuestro propio trabajo y la técnica.
Buscando siempre la mayor calidad en nuestros vinos, los racimos pasan distintos procesos, mesa de selección, encubado, maceración en frío y, dependiendo de la añada, se fermenta en depósitos de acero inoxidable o toneles de roble con intensos remontados.
Finalizada la fermentación alcohólica, se procede al descubado del deposito separando el líquido de la pasta formada por los hollejos, completando así el proceso de la fermentación maloláctica en barrica.
 
Durante la crianza en barrica se busca que la madera aporte a nuestros vinos el necesario complemento para que, con el paso del tiempo, adquieran la complejidad y la firmeza que los dotan de personalidad propia. Se evitan así los excesos de madera para mantener el carácter frutal.
 
La calidad del vino depende de forma notable de la buena evolución en la botella. En Cillar de Silos utilizamos corchos naturales de flor y las botellas duermen en nuestros antiguos calados subterráneos, donde las condiciones naturales de humedad y temperatura (entre 11,5º y 12ºC) son constantes durante todo el año y las idóneas para que los vinos alcancen con el transcurrir del tiempo la calidad deseada.